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ESPAÑA
Mamá cumple cien años
El movimiento cooperativo nació, entre otras cosas, para luchar contra la usura

La cooperativa y la caja rural de L'Alcúdia celebran un siglo como motor económico y social del pueblo, liderando su evolución agraria

Donde hoy existen campos de naranjos y de kakis, la última incorporación agrícola que se ha extendido en L'Alcúdia, eran plantaciones de moreras en el siglo XIX, porque lo que imperaba entonces en la localidad era la cría de gusanos, para abastecer de materia prima la floreciente industria de la seda.

Y como los tiempos cambian, también los cultivos, y así sorprende saber que después de las moreras, pero mucho antes de los kakis de ahora, hubo allí viñas, y la uva se secaba en 'riu-raus' para hacer pasas que se exportaban, y cuando la filoxera acabó con las cepas y fulminó el negocio de la pasa, comenzaron a implantarse los primeros cítricos y otros frutales, y los agricultores de L'Alcúdia se vieron empujados a convertir en regadío lo que aún era de secano, e instalaron dos grandes norias que elevaban el agua de la Acequia Real del Júcar (una, la más pequeña de aquellas, se exhibe como monumento en el centro de la población), y así consiguieron regar una parte importante del término que no tenía agua, y pudieron hacer producciones que les dieran mejor rentabilidad.

La historia agrícola de L'Alcúdia está protagonizada por cambios sucesivos impulsados por el movimiento cooperativo local, que nació para aportar soluciones a los vecinos, procurar mejorar su nivel de vida y también para combatir la usura de los prestamistas. Por eso la cooperativa del pueblo, la de Nuestra Señora del Oreto (CANSO), es en buena medida como una madre de casi todos, que ahora cumple su centenario, y como en la película de Carlos Saura'Mamácumple cien años', los hijos homenajean a la madre. Casi todos los agricultores de la localidad son socios de la misma, y la Caja Rural, que es filial de la cooperativa, acapara más del 60% de los depósitos y de las transacciones financieras de la localidad.

En este caso más que en ningún otro puede decirse que la cooperativa ha aglutinado y liderado desde su fundación la vida y la actividad económica del pueblo y ha marcado los sucesivos cambios de cultivos. Es decir, que bajo su impulso ha moldeado el paisaje cambiante de esta localidad de la Ribera que hoy, entre otras muchas cosas, es por ejemplo líder mundial en la producción de kakis, la más reciente revolución agraria de la zona, con más de 20.000 toneladas anuales

Cuenta Cirilo Arnandis, presidente de la cooperativa y de la caja rural («independientes pero hermanas), que es tan hondo el arraigo que sienten los agricultores hacia la entidad que cuando se jubilan y dejan sus tierras a los hijos, no consienten que se les borre de socios. Por eso aquí se da la llamativa paradoja de que hay más socios (2.100) que cosecheros, y se diferencia entre socios aportacionista y los que sólo son socios, porque se juntan varias generaciones para las que la cooperativa es su casa, o la proyección de esta, y dice Arnandis que eso «sólo es posible a base de generar confianza año tras años», y así llevan cien, porque si no, otro gallo cantaría.

La cooperativa actual es el resultado de la fusión, en 1941, de dos cooperativas iniciales: 'LaVedriola Alcudiana' (nacida en 1908), de corte laico y republicano, y 'La Protectora San Andrés' (fundada en 1912), de orientación católica y conservadora.
Pese a su origen diverso, la crisis de la postguerra y la evidencia de que ambas perseguían unos fines económicos y sociales similares, las invitaron a fundirse.

Ambas instituciones ya se preocuparon desde su nacimiento por difundir conocimientos y novedades agrícolas a la vez que procurar el crecimiento social y cultural de los socios. De esta manera crearon entidades de seguros de incendios en edificios y de animales (entonces había bastante ganadería y las caballerías eran la base de la movilidad y el trabajo en la tierra); secciones de crédito y de socorros mutuos para invalidez y la vejez; escuelas diurnas y nocturnas, con contratación directa de maestros, se provee del instrumental necesario a la Banda Filarmónica de Música, se crea una Escuela Secundaria para que puedan cursar estudios de bachillerato o se participa en la financiación de la Ciudad Universitaria de Valencia.

Como dice Arnandis, «las dos cooperativas coincidían en cubrir las necesidades de sus agricultores, tanto en lo económico, que es común en todas las cooperativas que conozco, como en la preocupación por la cultura y la educación de los socios, algo que ya no es tan común en el mundo de las cooperativas agrícolas».

De alguna forma siempre procuraron «suplir necesidades sociales que no cubría el Estado, y cuando éste ha ido perfeccionando sus servicios, la cooperativa ha dejado de atender en escuelas, previsión social y demás, pero sigue desplegando su acción en toda clase de temas culturales y lúdicos, centros de ancianos, ambulancias, etc.»

Fuente: lasprovincias.es

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